En este blog debemos elegir entre diferentes muestras de aprendizaje del máster y explicar en qué manera nos están ayudando en nuestro camino para convertirnos en unos buenos profesores de ELE. En esta entrada me voy a centrar en lo que, por su obvio carácter práctico, ha sido una de las más grandes fuentes de aprendizaje: mis prácticas como profesora de ELE en St. Edmund, un colegio de secundaria en Brooklyn, Nueva York.


St. Edmund Prep es un centro de enseñanza secundaria en Brooklyn, Nueva York. Todas sus asignaturas se imparten en inglés, pero el alumnado puede elegir estudiar, como asignatura optativas, lenguas extranjeras: francés o español. Debido a la importancia que el español está adquiriendo en este país, la mayoría de los estudiantes optan por este idioma. Mi contexto fue, por lo tanto, uno Escolarizado, de No Inmersión Lingüística, en una Enseñanza Reglada, en un Centro de Educación Secundaria. El centro está situado en la zona sur de Brooklyn, a unas seis paradas de metro de Coney Island. La variedad de su población es infinita.
De los tres alumnos que asistieron al Summer School, dos estaban
allí porque habían suspendido la asignatura de Spanish II; el
tercer alumno tenía pendiente aprobar la parte cultural del IB Assessment. El Spanish
IB Assessment es un examen certificativo que incluye una parte meramente
lingüística y otra, igual de importante, sobre cultura (comunicación y medios,
costumbres y tradiciones, diversidad cultural…); consta de una parte escrita en la que el alumnado
escribe un texto expositivo-argumentativo sobre uno de tres artículos que ha
tenido que leer, y de un parte oral dividida en una exposición individual y una
actividad interactiva.
A las escuelas de verano estadounidense acuden exclusivamente aquellos alumnos que han suspendido alguna (o varias) asignaturas; mis alumnas mostraban perfiles totalmente opuestos. Por un lado teníamos altas aptitudes para el aprendizaje académico pero una clara falta de interés y hábito de trabajo. Justo en el lado contrario teníamos a una alumna trabajadora e incansable pero con una problemática que, días más tarde, tomó el nombre de TDHA (no habíamos sido avisados de ello). Esta dificultad no prevista hizo que la programación siguiera su curso pero las pautas en clase cambiaron.
Los roles de profesor y alumnado en St. Edmund Prep son tradicionales. Se sigue un enfoque comunicativo de la enseñanza, basándose en el libro de texto “¡Así se dice!”, con el que se trabaja la lengua como discurso. Los temas del texto ayudan al alumnado a categorizar el entorno cultural propio y el de la lengua meta, a entender el mundo que les rodea y a generalizar en categorías manejables todo lo que les rodea. Por mi parte y de manera voluntaria llevaba a la clase canciones, vídeos y otros recursos (crucigramas etc.) para intentar hacer más amena la clase. Mi tutor llevaba un seguimiento exhaustivo de lo aprendido por medio de controles continuos que le permitían una clara evaluación diagnóstica, inicial, continua, y final.
Para llevar un orden claro de lo que iba a hacer cada día, mi tutor me envió sus plantillas para las unidades didácticas. Así, al principio de cada tema yo preparaba una de estas plantillas y se las remitía por correo. Para el día siguiente mi tutor ya las había leído y repasado; les daba el aprobado -junto a las anotaciones pertinentes- y yo podía comenzar con las clases. Él siempre permanecía en el aula conmigo, interrumpiendo todas las veces necesarias para solventar mis dudas o corregir mis errores. Desde el respeto y la colaboración mutua, me guiaba en esta nueva experiencia como profesora de ELE. Él, por su parte, utilizaba mis unidades didácticas para preparar todas las pruebas evaluativas de las alumnas. Casi a diario las alumnas tenían que realizar en casa unos tests que les servían a ellas de repaso de lo estudiado y a mi tutor como calificaciones.
Mi estancia en St. Edmund Prep fue de casi tres semanas. Cada día tenía una hora de tutoría individual con mi tutor y dos horas de clase con mis alumnas, además del trabajo en casa para la preparación de las unidades didácticas, el contacto directo con mi tutor vía correo electrónico, y la corrección de tareas; por lo tanto han sido unas prácticas muy intensas y enriquecedoras. No hay nada mejor para aprender que observar y preguntar desde la humildad, sobretodo cuando se tiene a una persona con experiencia delante. El profesor Antonio Lisboa, mi tutor, me abrió las puertas de su clase y de su conocimientos, y me guió durante mis horas de clase y sus horas de tutoría, instruyéndome sobre la enseñanza del español como lengua extranjera. Es cierto que mi experiencia como profesora de inglés me ayudó muchísimo en las prácticas, y que eso es lo que animó a mi tutor a ponerme delante de la clase tan pronto, pero igual de cierto es el hecho de que yo nunca había enseñado español a extranjeros; y de que todos nos vemos muy desenvueltos en nuestra lengua hasta que tenemos que explicarla. Para eso ya venía bastante preparada gracias al máster, pero experimenté desde el primer momento la inseguridad inesperada que origina no saber contestar a una pregunta sobre la propia L1.
Además de esto, me he hecho muy consciente de lo etnocentrista que, como española, trataba el español. El libro de texto que servía de base al proceso de enseñanza-aprendizaje ofrecía un contenido mucho más latino que español, en el que a veces yo me sentía algo perdida (y por lo tanto me forzaba a preparar mejor mis clases). Me he visto a mí misma haciendo continuamente comentarios tales como “en España esto es así”, cuando para mis alumnas la realidad del español es esencialmente hispana, por la inmigración o incluso por sus propias familias, y lo que suceda en España no es tan inminente ni importante como lo latino.
De esta experiencia me quedo sobretodo con la confirmación de que me gusta ser profesora de español, incluso con todo el trabajo que conlleva de preparación, las posibles tensiones en clase y el arduo trabajo posterior. Volví de Brooklyn con el contacto de mi tutor Antonio Lisboa; me hizo un gran regalo al abrirme las puertas de su aula en medio de un verano newyorkino, ya de por sí caluroso y alborotador; ha sido un gran maestro. Además decidimos seguir en contacto para que nuestros alumnos intercambien correos electrónicos y practiquen la producción escrita (ellos en español, los míos en inglés). Por lo tanto, esta gran experiencia de aprendizaje continuará.
A las escuelas de verano estadounidense acuden exclusivamente aquellos alumnos que han suspendido alguna (o varias) asignaturas; mis alumnas mostraban perfiles totalmente opuestos. Por un lado teníamos altas aptitudes para el aprendizaje académico pero una clara falta de interés y hábito de trabajo. Justo en el lado contrario teníamos a una alumna trabajadora e incansable pero con una problemática que, días más tarde, tomó el nombre de TDHA (no habíamos sido avisados de ello). Esta dificultad no prevista hizo que la programación siguiera su curso pero las pautas en clase cambiaron.
Los roles de profesor y alumnado en St. Edmund Prep son tradicionales. Se sigue un enfoque comunicativo de la enseñanza, basándose en el libro de texto “¡Así se dice!”, con el que se trabaja la lengua como discurso. Los temas del texto ayudan al alumnado a categorizar el entorno cultural propio y el de la lengua meta, a entender el mundo que les rodea y a generalizar en categorías manejables todo lo que les rodea. Por mi parte y de manera voluntaria llevaba a la clase canciones, vídeos y otros recursos (crucigramas etc.) para intentar hacer más amena la clase. Mi tutor llevaba un seguimiento exhaustivo de lo aprendido por medio de controles continuos que le permitían una clara evaluación diagnóstica, inicial, continua, y final.
Para llevar un orden claro de lo que iba a hacer cada día, mi tutor me envió sus plantillas para las unidades didácticas. Así, al principio de cada tema yo preparaba una de estas plantillas y se las remitía por correo. Para el día siguiente mi tutor ya las había leído y repasado; les daba el aprobado -junto a las anotaciones pertinentes- y yo podía comenzar con las clases. Él siempre permanecía en el aula conmigo, interrumpiendo todas las veces necesarias para solventar mis dudas o corregir mis errores. Desde el respeto y la colaboración mutua, me guiaba en esta nueva experiencia como profesora de ELE. Él, por su parte, utilizaba mis unidades didácticas para preparar todas las pruebas evaluativas de las alumnas. Casi a diario las alumnas tenían que realizar en casa unos tests que les servían a ellas de repaso de lo estudiado y a mi tutor como calificaciones.
Mi estancia en St. Edmund Prep fue de casi tres semanas. Cada día tenía una hora de tutoría individual con mi tutor y dos horas de clase con mis alumnas, además del trabajo en casa para la preparación de las unidades didácticas, el contacto directo con mi tutor vía correo electrónico, y la corrección de tareas; por lo tanto han sido unas prácticas muy intensas y enriquecedoras. No hay nada mejor para aprender que observar y preguntar desde la humildad, sobretodo cuando se tiene a una persona con experiencia delante. El profesor Antonio Lisboa, mi tutor, me abrió las puertas de su clase y de su conocimientos, y me guió durante mis horas de clase y sus horas de tutoría, instruyéndome sobre la enseñanza del español como lengua extranjera. Es cierto que mi experiencia como profesora de inglés me ayudó muchísimo en las prácticas, y que eso es lo que animó a mi tutor a ponerme delante de la clase tan pronto, pero igual de cierto es el hecho de que yo nunca había enseñado español a extranjeros; y de que todos nos vemos muy desenvueltos en nuestra lengua hasta que tenemos que explicarla. Para eso ya venía bastante preparada gracias al máster, pero experimenté desde el primer momento la inseguridad inesperada que origina no saber contestar a una pregunta sobre la propia L1.
Además de esto, me he hecho muy consciente de lo etnocentrista que, como española, trataba el español. El libro de texto que servía de base al proceso de enseñanza-aprendizaje ofrecía un contenido mucho más latino que español, en el que a veces yo me sentía algo perdida (y por lo tanto me forzaba a preparar mejor mis clases). Me he visto a mí misma haciendo continuamente comentarios tales como “en España esto es así”, cuando para mis alumnas la realidad del español es esencialmente hispana, por la inmigración o incluso por sus propias familias, y lo que suceda en España no es tan inminente ni importante como lo latino.
De esta experiencia me quedo sobretodo con la confirmación de que me gusta ser profesora de español, incluso con todo el trabajo que conlleva de preparación, las posibles tensiones en clase y el arduo trabajo posterior. Volví de Brooklyn con el contacto de mi tutor Antonio Lisboa; me hizo un gran regalo al abrirme las puertas de su aula en medio de un verano newyorkino, ya de por sí caluroso y alborotador; ha sido un gran maestro. Además decidimos seguir en contacto para que nuestros alumnos intercambien correos electrónicos y practiquen la producción escrita (ellos en español, los míos en inglés). Por lo tanto, esta gran experiencia de aprendizaje continuará.


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