Para la última muestra voy a volver a la asignatura de
Azahara, esta vez para hablar sobre los ejercicios, las actividades,
las tareas, y las diferentes destrezas lingüísticas. En mi punto de
partida hablaba de cómo quiero ser una profesora que llegue con las actividades
organizadas, pero también ser capaz de amoldarme a las necesidades de cada
momento. Me considero una persona con una capacidad de reacción bastante rápida
pero no demasiado ordenada, así que esta asignatura me ha enseñado a preparar
mejor mis clases.
Si anteriormente en mi portfolio he hablado de la
implicación de los estudiantes, ahora me voy a colocar en la tercera competencia central: organizar
situaciones de aprendizaje. Como muestra de este aprendizaje organizativo
utilizaré la actividad número 3 (que llevé a cabo con mi compañera Marta
García) sobre el análisis y el rediseño de una sesión planteada en un libro de
texto, en la que conseguí construir lo que sería una sesión perfectamente
planeada.
Es importante tener en cuenta a qué grupo nos dirigimos, entender cuál
es el grupo meta, cuáles son sus necesidades
y sus características, además de las
del contexto y, por supuesto, el nivel. Otros elementos indispensables a
la hora de la organización de una clase son el espacio, los roles, el material,
el uso de TICs, nuestro discurso y el de el alumnado. En el momento de organizar
una sesión de clase debo centrarme en el objetivo,
preguntarme qué es lo que quiero que mi alumnado aprenda. En el ejemplo que mi
compañera y yo desarrollamos, el objetivo de la sesión era aprender a producir
e identificar frases en imperativo, a identificar pronombres y a entender
cuándo y cómo utilizarlos. En cuanto al léxico, se trataba de que nuestro
alumnado se familiarizara con el vocabulario y estructuras gramaticales de la
publicidad.
Después debíamos analizar qué íbamos a hacer en clase: las tareas. Y por supuesto pensar en cómo
lo íbamos a hacer: las actividades.
Cada actividad estaría compuesta por diferentes ejercicios, que implicarían diferentes estructuras y/o exponentes,
materiales, dinámicas, y por supuesto una manera diferentes de corregir. Debíamos también pensar en el
tiempo que íbamos a dedicar a cada
uno de estos ejercicios, ya que solo disponíamos de algo más de dos horas.
Además, debíamos tener en cuenta las destrezas que con cada ejercicio se iban a desarrollar. El MCER ya
indicó en el 2001 que la competencia lingüística se pone en funcionamiento
mediante actividades de comprensión, expresión e interacción. Para ello
nosotras debíamos intentar incluir en nuestra sesión todas las macrodestrezas
lingüísticas: escuchar, hablar, leer, escribir, interactuar (expresión + audición). Debíamos tratarlas de manera global o integradas, pero también analizarlas por
separado. Cada una de estas macrodestrezas incluye un conjunto de microdestrezas diferenciadas, aplicadas
al uso de la lengua. Nosotras debíamos intentar que el alumnado activara sus
estrategias comunicativas para desarrollar esas microdestrezas, y así
planteamos una sesión que, efectivamente, les ayudaría a mejorar varias de sus
competencias, la lingüística la primera de ellas.
En este proceso de aprendizaje del Master he elegido este tema por su aplicación práctica inmediata; por su
utilidad, ya que tuvo una aplicación directa a mi aula desde el día siguiente a
su corrección. No puedo decir que lleve
a cabo este trabajo para todas las sesiones que doy, pero sí en bastantes
de ellas. Me doy cuenta también de que todo este trabajo se verá recompensado
el año que viene cuando las tenga preparadas. También sé que es probable que
tenga que modificarlas para adaptarme a cada momento y a cada clase.

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