En el módulo 5 de la asignatura "Conceptos
fundamentales en didáctica de L2", trabajamos la lengua
como discurso. Utilizamos la lengua en un contexto social con una intención determinada (semiótica), y
ser conscientes de ésto nos ayuda a enfocar el proceso de aprendizaje de una
manera determinada. En el Punto de partida expresé mi deseo de
no olvidar que lo importante es el alumnado y que debemos volcarnos en sus necesidades;
creo que este módulo también me ha hecho mejor profesora en este aspecto. Me
explico: hace menos de un mes me escuché a mí misma en clase de inglés
enseñando a mi alumnado las diferentes estrategias
comunicativas que pueden utilizar, entre ellas el circunloquio. Los
adolescentes no entendieron en su momento a qué me refería ("o sabes la
palabra o no la sabes", decían) pero poco a poco se están dando cuenta de
que tienen muchos más recursos de los que ellos creían. Me parece un buen ejemplo
de cómo me estoy volcando en la necesidad
que tiene mi alumnado de aprender la
lengua como discurso para transmitir una idea y alcanzar un objetivo.
Dell
Hymes
definía la competencia comunicativa no
como aquella centrada en la gramática, sino como el conocimiento gramatical
aunado a otro, sociolingüístico y pragmático. Más adelante Canale and Swain añadieron la idea de
que, solo en el discurso y a través del discurso,
podemos llevar a cabo todas las competencias.
Von Humboldt añadió: “aunque estamos acostumbrados a ir del sonido a las
palabras, y de ahí hacia el discurso… es el discurso lo primordial y
determinante. Según Brown y Yale, el dominio del discurso es necesario para dominar el uso de la lengua, que es al final del día lo que
queremos conseguir para nuestro alumnado como profesores de ELE.
En la actividad final de Conceptos Fundamentales leímos dos fragmentos; el primero hacía
referencia al “Principio de cooperación”
de Grice, que versaba sobre la comunicación
humana y fue situando a la didáctica de LE hacia su orientación comunicativa actual. Leímos de Battlle la importancia de la cooperación
entre interlocutores[1] para conseguir alcanzar
nuestra intención comunicativa; la dirección hacia este éxito ya se nos había
indicado con las máximas de Grice. El segundo extracto, de Llobera, defendía la importancia de la Competencia Comunicativa, en la que
además de tenerse en cuenta las reglas gramaticales en la construcción de los
enunciados, se fomenta la creatividad
como parte de una interacción humana natural que es el objetivo del
aprendizaje. En nuestro análisis mencionábamos la importancia de tener en
cuenta el rol social de cada cultura. Destacábamos la pragmática intercultural (de vital
importancia en el discurso) y la competencia sociocultural para acercar al
alumnado a una realidad social. En resumen: debemos garantizar la interacción
en el aula para conseguir un aprendizaje de la lengua en el discurso, la lengua
en uso.
Cuando enseñamos la lengua
en discurso, estamos dando a nuestro alumnado las herramientas para desenvolverse en la lengua desde el
principio, como cuando aprenden las diferentes secuencias en una interacción
o los tipos de reparaciones. Como profesora puedo decir que lo primero ya lo
vengo haciendo desde hace tiempo –aunque no de una manera tan consciente y eficiente
como ahora- pero las reparaciones han hecho que esté mejorando en mi día a día,
porque mi alumnado está aprendiendo más y mejor. Paso a poner algunos ejemplos.
Si en las conversaciones en nuestra propia L1 se llegan a
dar problemas, sobra decir que en una L2
necesitamos solventar más problemas
y más a menudo. Estas soluciones -a las que llamamos reparaciones- nos permiten, cuando nos hacemos conscientes de ellas, facilitar nuestro discurso, y eso es lo que
estoy consiguiendo en mi alumnado. Hasta ahora su competencia lingüística era
vivida como un “lo sé” o “no lo sé”, y era muy difícil hacerles conscientes de
que podían ayudarse de su ya existente conocimiento de la lengua y del mundo.
Yo no enseño a mi alumnado qué es una autorreparación o una heterorreparación,
pero vuelvo una y otra vez al hecho de que solucionar
lo antes posibles los problemas surgidos en la interacción implica ser
competente. Estas reparaciones de las que hablo con ellos (ya sean para
solucionar problemas de comprensión, de accesibilidad o de corrección) les
ayudan a ser más competentes en el
discurso, esto es, a interaccionar
y lograr su objetivo comunicativo.
Cuando empecé a explicarles estas estrategias, algunos alumnos llegaban a mirarme con cierta suspicacia.
En su cara se podía leer algo así como “¿me estás pidiendo que engañe?”. He
tenido que ponerles muchos ejemplos dentro de su L1 para que entiendan que,
cuando en español utilizan sinónimos, hiperónimos o circunloquios, no están
demostrando un inferior conocimiento de su lengua madre, y desde luego no están
haciendo trampa. Desde que han aceptado esto han empezado a dejar de bloquearse
utilizando estos recursos. Hay algo
también muy interesante en todo esto, y es que yo les recuerdo lo grande que es
ya su conocimiento del mundo, el que
utilizamos como recurso. Como adolescentes están acostumbrados a que, en cierto
modo, se les ningunee; los adolescentes pocas veces son escuchados. Cuando se
les escucha y se les empuja a recapacitar
sobre todo lo que saben, crean un discurso
mejorado, aumentan su confianza, se sienten mejor en el idioma y aumenta su
motivación.
[1] Esto ha devenido en el añadido de una quinta habilidad
comunicativa: comprensión oral y comprensión escrita, producción oral y
producción escrita, y ahora también la interacción.


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